No te toco porque te miro, te respiro y poco a poco te camino. Recorro inauditamente desde las puntas de tus dedos, hasta lo crispo de tu pelo, ese que es negro, tanto como el pasillo que encontramos cuando nos amábamos en los buenos tiempos.
No te beso porque te suspiro, y lentamente te aliento para hacerte infinito y sumiso y perdido. Y te engendro cada que te recuerdo, como si fueras la letra roja que señala el error de mis textos; como esa marca que otros notan y yo, sin embargo, penosamente justifico.
No te veo porque mueres lentamente en mi ceguera; la que llegó a mis ojos después de conocer tus manos sobre el ajeno, sobre el pecado que mi abuela llamó para que confundiera el romance con una nueva oportunidad de redactar papeletas.
No te canto porque te quedaste sin sonido, y sin embargo te leo, te descifro, te compongo una nueva melodía cada que recuerdo que fuiste mío. Y entonces, entre cantos de hadas y sirenas, descubro que no te canto porque no fuiste letra.
No te amo porque te anhelo, te extraño y te entierro. Borro paso a paso, vela a vela cada una de tus huellas, porque eres carta vieja, una marca que el agua borra como tinta al vino derramado sobre arena. No te amo porque no eres mío, ni lo fuiste ni lo serías.
@EscritoraValast
#PromovamosLaLectura

0 comentarios