amor

Eco de Octavio Paz

11:59

Digo esto porque el erotismo es, en sí mismo, deseo: un disparo hacia un más allá, como ráfagas de dolor clavadas en el alma, una muerte silenciosa que nadie puede aplacar.

Es tortura cuando quiero tatuar el juicio carnal en mi compañera de almohada. Sufro al rozar su piel congelada, como si le arrancara el espinazo y jugara mis dedos helados y aletargados entre cada hueso que forma su cuerpo.

Me miento por la mañana al ver danzar sus piernas con dirección contraria a mis suspiros, y aunque parece fácil dejar ir lo que no es tuyo, mis elocuencias cavilan en independencia y se desata mi instinto. 

Digo esto por que el erotismo es, evidentemente, delirio: una impasible fantasía que nace de uno y a veces, sólo  remotamente, se comparte entre dos.

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