Un día, escuché a un Colombiano, cómo se expresaba de mi México. Sus ojos le brillaban por lo maravillado que estaba de su cultura ancestral y nuestra historia, que en sus palabras, era "fantasiosa e irreal".
Toda la vida hemos crecido con un nacionalismo absurdo. Admirando a héroes muertos que nos dieron "la libertad", "la independencia", que forjaron ciudades e imprimieron su raíz prehispánica. Esos héroes que son más que El Chapulin Colorado y Iron Man juntos. Tuvimos grandes pasajes históricos que crearon el México que hoy tenemos y que para otros países representan una maravillosa forma de crear un país.
Hoy pongo en tela de juicio todo lo que he aprendido. Dudo mucho de la existencia de Cuauhtémoc o Nezahualcóyotl, me suena a personaje de ficción el sacerdote que salió armado con una virgen para pelear contra un Rey; sí, de esos reyes que sólo he visto en las películas de Disney. O del señor que nos regaló ejidos para comer y vivir dignamente.
Todo ese nacionalismo del que me he rodeado como mexicana, me queda debiendo cuando salgo y camino por las calles. Es septiembre y veo a la bandera más hermosa del mundo ondear en el techo de cada casa y/o edificio, el himno nacional, que sólo se canta durante partidos de fútbol, se entona mucho más fuerte en estas fechas, bueno, por lo menos las 4 estrofas que nos obligaron a aprender en la primaria; pero aún así, siento que vivo en medio de una fantasía.
Nadie pelea por su pueblo. Esos héroes recios y admirados no dejaron descendencia. Se les olvidó darnos más sufrimiento para seguir luchando, se les fue de la mano el libertinaje. Hicieron una tierra de agachados, que dejan que unos cuántos manden sobre la mayoría. Nadie nos demostró que la unión hace la fuerza, sólo nos enseñaron a "borreguear" a unos cuántos. No son héroes. Algunos son dictadores, líderes, jefes que hicieron a un pueblo sumiso y temeroso.
En unos días, el que saldrá a ondear una bandera y tocar una campana, es al que vamos a seguir. Porque somos parte de la manada, porque es lo que nos enseñaron, porque es nuestro destino. Porque somos una fantasía.
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