Entró justo detrás de mí, podía sentir la excitación por todos sus poros. Lentamente me acerqué a su espalda, tenía unos muslos deliciosos que hacían bailar mi entrepierna.
Mis manos recorrieron sus caderas apretadas y entonces la sentí, sus temores desaparecían al apretar aquellos redondos tesoros junto al corazón, sabía que la locura nos poseía pues fusionábamos nuestros labios como si no existiera el fin.
Resultó ser una bestia, ella mutaba mis caricias en heridas. Mientras más fuerte penetraba su venus, mi Afrodita reventaba cada vena con sus piernas. Esa noche sentí la mezcla del orgasmo con la sangre que escurría de mis labios arrancados y la ausencia de trozos de piel, sin embargo, también quería que mi miembro viviera dentro de su concha, aunque eso le costara el último latido al corazón.
Anoche fue una experiencia maravillosa, es una lástima que de ese lugar, ella salió sola.

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