Extraño
ser poesía. Ser letras danzantes frente a los ojos de esos voyeristas que nunca
se atrevieron a salir de su escondite.
Añoro
los momentos en que era rima y verso para los amantes de un libro, pero al
mismo tiempo era susurro de viento, de pensamiento, de lujuria.
Quisiera
seguir siendo el hubiera de una prosa mal dicha, el párrafo de una
historia maldita o del ensayo que algún otro escritor patético intentó hacer de
mí después de probar mi tinta.
Deseo
ser recuerdo de algunos y dolor de otros, causar llanto por mi ausencia y hacer
que las tintas se marchiten debajo de árboles caídos por la falta de mis
letras.
Quisiera
y extraño, añoro y deseo. Sólo sueño.
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