Cariño
15:56
A veces se me antoja dejar de verte; pero tus cicatrices en el alma me provocan esas nauseas amantes que cualquiera temiera encontrar en lo más profundo de su mente.
En momentos quisiera correr y escapar lejos de tu mirada demente, pero me llena de ternura descubrir que eres mi ente, un pequeño errante que teme matarme o amarme. Me encanta escuchar tu silencio fúnebre a la orilla de la cama después de rechazar mis caricias de ternura y detener tu salvaje tortura para no lastimar mi alma iracunda.
Todas las mañanas quisiera dejar de escribir poesía y arrancarte la piel en la que inspiro mi cobardía. Quisiera morder tus labios rojizos y probar tu sangre candente que suplica por mi ansia impaciente. Pero me das miedo cariño, amante; me tiemblan los brazos cuando te arrebato el cuchillo que apenas anoche guardaste para no lastimarme.
Hay tardes en las que quisiera descifrarte, saber por qué te comportas como un humano cuando la gente no te entiende y te conviertes en el sádico que mi mente inventa con cierta manía concluyente. Me molesta ver el sol caer y que tu mirada derrame ira. Me atormenta pensar en la luna llena y en tu licantropía inaudita, y sin embargo me encanta saber que poseo tus momentos de paz y locura, de rabia y cordura, de hombre y de alma bendita.
Y por las noches quisiera borrarte. Romper las hojas marrón en las que naciste y formaste una ola de locura fulminante. Quisiera destrozar tus manos como las mías al rozar tu torso espinante y besar tus entrañas cuando las sacas para entregarme tu momento desquiciante.
A veces se me antoja dejar de verte, cerrar los ojos para prevenir mis demás sentidos, posar entre tus muslos, alucinar con tus suspiros y vivir por siempre en el oscuro mundo de fatalidades creadas por tu respirar delirante, mi amante, cariño incrustante.
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