En las últimas semanas, una idea en mi cabeza se ha venido acentuando. La preocupación de los que me rodean ha llegado a contagiar mi mente y realmente tengo algo que angustia lo que apenas hace poco me tenía tranquila.
Era de esas personas que se sentía cómoda saliendo a caminar sin compañía, que compraba un café en cualquier establecimiento y se sentaba sola a disfrutarlo mientras observaba nuevos personajes para mis escritos. No me importaba encerrarme un fin de semana a ver películas o ir al cine sola para ver la película de moda o simplemente dedicar tiempo de calidad a mi persona. Incluso disfrutaba pararme en un concierto público y cantar sabiendo que nadie juzgaría mi pésima afinación, pero hoy todo eso ya no me es normal.
Últimamente las personas que me rodean quieren que consiga una pareja, los noto preocupados por mi soledad y esa renuente postura a no creer en el matrimonio como base de ser adulto. No llego ni a los treinta y por primera vez siento que me estoy quedando atrás, como todos ellos dicen. Sus caras de compasión a la ausencia de un hombre en mi vida me aterra, a veces, avergüenza, pues no tengo tema de conversación. Un par de personas insisten en querer presentarme a sus cuñados, primos, hermanos y hasta al compañero nerd de la universidad. ¿Qué les hace pensar que un tipo de casi cuarenta años, contador y soltero es un buen partido? Ni para mí, ni para nadie.
Han llegado al grado de dedicarme rituales religiosos para que este año “salga aunque en rifa” y eso me hace sentir cada vez peor. No es mi culpa que no tenga últimamente citas románticas, aunque la liberación femenina nos permita tomar la iniciativa, simplemente no depende de mí el tener trescientos pretendientes detrás o una cita cada día. Y aunque antes no me interesaba, hoy, día a día me pregunto por qué no tengo algún conquistador en mi vida. ¿De verdad estoy haciendo algo mal?
Se acerca San Valentín y entonces todo comienza a ponerse más tenso. Alguien planea hacerme una cita con el primo de su amigo que también está solo o llevarme a un bar para conseguir aunque sea una cita espontanea. Todo se ve mal, hace un año no importaba salir a beber con amigas y no recibir rosas; hoy parece un crimen. Si no tienes un oso de peluche o un globo de corazón entonces eres un amargado y odias el día de los enamorados.
Quiero simplemente dejarlo de pensar. Hace cuatro meses mi mayor preocupación era vender mi libro y ser una gran escritora, hoy mi mente quiere no hacer caso a ese amor que todos dicen que es fabuloso y que complementa el propio. Quiero que todos esos cupidos lean este texto y entiendan que no soy la #Misántropa que escribí, no soy la Afrodita Callejera o la Brujita Chamoy, no soy uno de esos personajes psicópatas que piensan que soy, aunque me parezca mucho. Simplemente, por ahora, no estoy hecha para el amor... por lo menos, no hoy.
0 comentarios